Puse a 3 diseñadores IA a competir (y un jurado los destrozó)
Mi sitio se veía «hecho por IA». Monté un concurso: 3 direcciones implementadas de verdad y un jurado de 3 IAs sin piedad (80/74/72). Elegí contra el ranking — y funcionó.
Hay una crítica que duele más que "está feo": "se nota que lo hizo una IA". Mi sitio tenía ese problema. Y la solución no fue pedirle a la IA "hacelo más lindo" — fue montar un concurso de diseño con competidores, jurado y rúbrica, como si fuera una licitación de verdad. Este es el caso.
El contexto
El sitio funcionaba, pero se veía "hecho por IA". Vos ya conocés esa estética sin que nadie te la explique: correcta, genérica, olvidable. El template invisible que hoy tienen miles de páginas porque salieron de la misma pasada de un modelo con el mismo gusto por defecto.
Para una plataforma cuyo mensaje es justamente "la IA sin criterio produce contenido sin alma", tener una cara sin alma era un problema de coherencia, no solo de estética.
El error clásico acá es iterar sobre lo mismo: "cambiá los colores", "probá otra fuente", "hacelo más moderno". Diez rondas después seguís adentro del mismo template, porque le estás pidiendo variaciones al mismo gusto que produjo el problema.
Qué hicimos
Cambié el proceso en vez del prompt. Monté un concurso con tres reglas:
Regla 1: tres direcciones de verdad distintas, no tres variaciones. Cada "diseñador" IA recibió una dirección de arte completa y opuesta a las otras: una editorial oscura (revista nocturna, seria), una terminal brutalista (cruda, tipo consola, agresiva) y un estudio claro (crema, tinta, aire, papel). Tres mundos, no tres tonos del mismo azul.
Regla 2: implementadas de verdad. Nada de mockups ni descripciones bonitas. Cada dirección se construyó funcionando, con páginas reales navegables. Un diseño se juzga usado, no imaginado — en pantalla las ideas lindas se mueren o se confirman.
Regla 3: un jurado que no fuera yo. Tres IAs jueces, separadas de los diseñadores, con una rúbrica dura y la instrucción explícita de criticar sin piedad. Sin esa instrucción, la IA tiende a felicitarte todo — y un jurado que aplaude no sirve para nada.
Qué salió mal en el camino (o mejor dicho: qué dolió)
El jurado cumplió. Puntuó las tres propuestas — 80, 74 y 72 sobre 100 — y las destrozó con frases que todavía me acuerdo: "cero calle" para una, "template de IA" para otra. Es decir: hasta las propuestas del concurso arrastraban el vicio que queríamos matar, y el jurado lo señaló sin anestesia.
Eso fue exactamente lo que salió bien disfrazado de lo que salió mal. Si tus revisores no encuentran nada feo que decir, no tenés revisión: tenés una ceremonia.
Y después vino el giro del caso: como cliente, elegí contra el ranking. La ganadora por puntaje era una; yo elegí la tercera — el estudio claro, la de 72 — porque era la que mejor encajaba con lo que esta plataforma es: honesta, legible, sin pose. El jurado mide calidad con rúbrica; el cliente decide con contexto que la rúbrica no ve. Las dos cosas son válidas y ninguna reemplaza a la otra.
El resultado
No terminó ahí, y esta parte es la que casi nadie hace: a la dirección elegida le injertamos lo mejor de las otras dos. Las perdedoras no perdieron del todo — sus mejores ideas se trasplantaron a la ganadora. El resultado final no es la propuesta 3 tal como compitió: es la propuesta 3 fortalecida con lo que el concurso reveló de las otras.
Lo que estás viendo ahora — este fondo crema, esta tinta, este aire — salió de ese proceso. No de mi gusto en una tarde, ni del gusto por defecto de un modelo: de tres direcciones compitiendo, un jurado pegando duro, una decisión de cliente con criterio propio y una síntesis final.
¿Es perfecto? No. Pero ya nadie me dice "se nota que lo hizo una IA", y ese era el objetivo medible del proyecto.
Lección de operador
El proceso con crítica adversarial le gana al gusto de una sola pasada. Siempre. Una sola propuesta iterada converge a lo cómodo; tres propuestas opuestas más un jurado hostil te muestran el mapa completo antes de decidir.
Tres reglas que me llevo para cualquier decisión de diseño (y de casi todo):
- Generá alternativas opuestas, no variaciones. Si las tres opciones se parecen, solo tenés una opción con tres disfraces.
- Pagá el costo de implementar antes de juzgar. Lo barato de evaluar (descripciones, promesas, mockups) es barato porque no te muestra la verdad.
- El ranking informa, no decide. Escuchá al jurado, mirá los puntajes — y después decidí vos, con el contexto del negocio que ninguna rúbrica tiene. Elegir contra el ranking con buenas razones no es desobediencia: es criterio.
Y una cuarta, de regalo: pedí explícitamente que te critiquen sin piedad. La crítica dura antes de publicar es barata; la indiferencia del público después, carísima.
— Johnny Ferrante, julio 2026
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