Bitácora

Cómo quemé mi cuenta en un día (y qué aprendí)

Quemé el límite de Claude en una mañana trabajando desordenado; estos hábitos hicieron que la misma cuenta me rinda toda la semana.

Cuenta y tokens11 jul 20262 min de lectura

Era un martes y tenía que entregar una propuesta importante. Abrí Claude a las ocho de la mañana con toda la fe del mundo. A media tarde, la pantalla me dijo básicamente "hasta acá llegaste": límite alcanzado, volvé en unas horas. Con la propuesta a medio hacer y el cliente esperando.

Mi primera reacción fue enojarme con la herramienta. La segunda, más honesta, fue mirar qué había hecho yo durante esas horas. Y ahí dolió.

Había trabajado todo el día en UNA sola conversación. Le pegué el brief completo, dos documentos viejos "por contexto", ejemplos de la competencia, y encima fui pidiendo versiones: "hacelo más formal", "ahora más corto", "volvé a la de antes pero con el tono de la segunda". Regeneré la misma sección no sé cuántas veces sin cambiar la instrucción, esperando que de puro insistir saliera mejor.

Lo que yo no sabía —y nadie te cuenta cuando empezás— es que la IA no "recuerda" gratis. Cada mensaje nuevo obliga al modelo a releer toda la conversación desde el principio. Mi mensaje número cuarenta no costaba un mensaje: costaba los cuarenta anteriores, más los documentos pegados, más cada versión descartada. Yo creía que estaba trabajando duro. Estaba pagando la misma montaña de texto una y otra vez.

Ese día no me faltó cuota. Me sobró desorden.

Desde entonces trabajo distinto y la misma cuenta me rinde toda la semana. Chat nuevo por tarea, siempre. Si necesito arrastrar contexto, pido un resumen de diez líneas y lo llevo al chat siguiente. Pego solo la parte del documento que importa de verdad. Y cuando una respuesta sale mal, no regenero como quien juega al tragamonedas: le digo exactamente qué estuvo mal, porque repetir el mismo pedido es pagar dos veces el mismo error.

¿Sabés qué es lo raro? El límite que odié aquel martes terminó siendo mi mejor maestro. Sin tope, habría seguido años trabajando sucio sin enterarme. El aviso me obligó a mirar mis hábitos, y fueron los hábitos —no un plan más caro— los que cambiaron el juego. Conozco gente que paga el plan más grande y lo quema igual, porque su problema nunca fue el tamaño del tanque: era el agujero.

Así que si te pasó lo mismo que a mí, no corras a pagar más. Primero andá y cerrá esa conversación de dos semanas que tenés abierta ahora mismo. Tu cuenta no está chica. Está desordenada.

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